Papers y Notas
En esta sección publicaremos notas de especialistas en las principales disciplinas del conocimiento, y una breve biografía al pie de cada nota.
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Se ha ganado la mitad de la batalla
En las casi seis décadas transcurridas desde el fin de la Segunda Guerra, la opinión en Estados Unidos acerca del papel del Gobierno ha cambiado radicalmente. Cuando terminó la guerra, la opinión era predominantemente colectivista. El socialismo –definido como la propiedad y el manejo de los medios de producción– se consideraba tanto posible como deseable. Aquellos pocos de nosotros que favorecíamos los mercados libres y un Gobierno limitado éramos una minoría apabullada.
En las décadas siguientes la opinión dio un viraje del colectivismo hacia el libre mercado y los Gobiernos limitados. La opinión pública había cambiado tanto hacia 1980 que Ronald Reagan ganó las elecciones con un programa de gobierno casi libertario.
El colapso de la Unión Soviética en 1989 fue el golpe de gracia para el socialismo. Casi nadie hoy en día, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, considera posible ni deseable el socialismo tradicional de la propiedad y la operación estatal de los medios de producción. Aquellos que hoy se declaran socialistas se refieren más bien al Estado del Bienestar.
Durante el mismo período, el papel verdadero del Gobierno en EEUU cambió también drásticamente, pero exactamente en la dirección contraria. Durante la primera década de la posguerra, entre 1945 y 1955, los gastos del Gobierno, sin incluir la defensa nacional pero incluyendo todos los demás gastos federales, estatales y locales, equivalían al 11,5 por ciento del ingreso nacional. Esto fluctuó de un máximo del 16 por ciento, en 1949, a un mínimo del 8 por ciento, en1952. A partir de entonces el gasto gubernamental aumentó rápidamente. Hacia 1983 el gasto gubernamental, sin incluir la defensa, había aumentado hasta el 30 por ciento del ingreso nacional, casi triplicando los gastos de la primera década posterior a la guerra.
Además, durante el mismo período se disparó la intervención gubernamental en los negocios y asuntos privados. Ejemplo de ello son programas gubernamentales como Medicare, Medicaid, Agencia de Protección Ambiental, Administración de Seguridad y Salud Ocupacional, Comisión de Seguridad de Productos de Consumo, Corporación de Servicios Legales, Comisión de Oportunidades Iguales de Empleo, AmeriCorps (servicio nacional y comunitario) y Head Start (pre-kinder). No hay duda de que el crecimiento del Gobierno causó el cambio en la opinión pública. La práctica del Gobierno Grande es mucho menos atractiva que sus promesas y perspectivas.
La elección de Reagan provocó un freno en los gastos del Gobierno no relacionados con la defensa. En 2003 el gasto del Gobierno sin incluir defensa equivalía entonces al mismo 30 por ciento del ingreso nacional de 1983. La intervención gubernamental a través de regulaciones y controles se redujo durante la presidencia de Reagan, pero ha seguido aumentando desde entonces.
En resumen, al terminar la Segunda Guerra la opinión era socialista, pero la práctica era el libre mercado. Actualmente la opinión es de libre mercado, mientras que la práctica es marcadamente socialista. Hemos prácticamente ganado la batalla de las ideas (aunque esas batallas nunca se ganan definitivamente); hemos logrado frenar el crecimiento del socialismo, pero no hemos tenido éxito en hacerlo retroceder. Todavía estamos muy lejos de conseguir que la práctica gubernamental se ajuste a la opinión pública.
Esa es la prioridad del segundo período de Bush –apartando la defensa nacional–, como el mismo presidente reconoce claramente. No será una tarea fácil, especialmente con Irak amenazando consumir su capital político.
Este artículo fue originalmente publicado por The Wall Street Journal, que autorizó su traducción a la agencia AIPE.
Milton Friedman

Milton Friedman se crió en una familia de inmigrantes judíos húngaros. Su padre era empresario y fue el dueño de una fábrica textil, en Rahway, Nueva Jersey, que quebró durante la Gran Depresión. La familia vivía en un apartamento en la misma edificación de la fábrica. Tenía tres hermanos y debió trabajar en restaurantes y tiendas para cooperar con una beca para estudiar en la Universidad de Rutgers, donde ingresó en 1929.
Estudiando la maestría conoció a la que sería su esposa seis años más tarde, Rose Director. Con ella tuvo dos hijos: David Friedman y Janet Friedman; David es un teórico anarquista que radicaliza las propuestas de libertad individual y economía de mercado, siendo uno de los principales teóricos del anarcocapitalismo.
Sus estudios
Friedman se licenció en Ciencias Económicas por la Universidad de Rutgers, donde comenzó su pasión por las matemáticas, y lo motivó a buscar un grado de maestría en la Universidad de Chicago y un doctorado en la Universidad de Columbia en 1946.
Fue profesor de la Universidad de Chicago desde 1946 a 1976, donde enseñó teoría económica y se convirtió en leyenda. Friedman planteaba que la única manera de generar estabilidad política era sostenerla con estabilidad económica.
Es el principal representante de la llamada escuela de Chicago, corriente liberal y monetarista que encabezó la reacción contra las políticas económicas preconizadas por Keynes. Friedman critica el gran tamaño adquirido por el sector público en los países occidentales, denunciando la distorsión que la intervención estatal introduce en el funcionamiento de los mercados. Propone desmontar el Estado de bienestar y dejar que actúen libremente las leyes de la oferta y la demanda, volviendo a la pureza original del sistema que definiera Adam Smith. Recuperando viejas ideas, ha actualizado la teoría cuantitativa de la moneda, denunciando los efectos inflacionistas de las políticas expansivas keynesianas.
Sin embargo, ha defendido al mismo tiempo medidas de protección contra la pobreza, como un impuesto negativo sobre la renta o el cheque escolar para los ciudadanos de menores ingresos. Ha influido poderosamente sobre las políticas económicas implementadas para salir de la crisis en el último cuarto del siglo XX.
Friedman fue también analista de estadísticas para el gobierno de Estados Unidos, asesor económico de los presidentes Richard Nixon y Ronald Reagan. Colaboró con el gobierno de Margaret Thatcher, fue investigador del National Bureau of Economic Research entre 1937 y 1981, y presidente de la American Economic Association en 1967.
Fue un defensor del libre mercado y el más conocido líder de la Escuela de Chicago debido, en parte, a su labor de difusión a través de los distintos medios incluida la prensa escrita, el ensayo y la televisión con su serie “Free To Choose” (Libertad de Elegir) de 1980. Además impartió clases, entre otras, en las universidades de Princeton, Columbia y Stanford. Monetarista “de toda la vida” se opuso al keynesianismo - que promulgaba la intervención fiscal como motor de crecimiento - en el momento de máximo apogeo de éste, en los años cincuenta y sesenta. Abogaba por un crecimiento moderado y constante de la masa monetaria como medio para solucionar en gran parte los problemas de la economía y, a la vez, permitir un crecimiento económico sin inflación.
Sus más importantes contribuciones académicas a la Economía fueron una revisión de la teoría del consumo, de la curva de Phillips y una mejor comprensión del mercado de capitales y de los factores que influencian la velocidad de circulación del dinero.
Los premios
En 1951 recibió la Medalla John Bates Clark. En 1976 obtuvo el Premio Nobel de Economía “por sus resultados en los campos del análisis del consumo, historia y teoría monetaria y por su demostración de la complejidad de la política de estabilización. En 1988 recibió la Medalla de la Libertad de los Estados Unidos.
Influencia en Chile
Friedman visitó Chile en 1975 durante la dictadura de Augusto Pinochet, hecho por el que fue muy criticado al no ser un gobierno de origen democrático. Invitado por la Escuela de Negocios de Valparaíso, dio una serie de conferencias sobre economía e influenció en los asistentes económicos del gobierno. Friedman gozó de un éxito tremendo con estas innovadoras observaciones y fue invitado por ex-alumnos chilenos de la Escuela de Chicago (”Chicago Boys”) a dictar algunas conferencias sobre la situación económica chilena. Friedman dijo: “La economía social de mercado es la única medicina”, refiriéndose a la complicada situación de Chile. Abogó por la economía monetarista y explicó después que “el énfasis de aquella charla fue que los mercados libres minarían la centralización política y el control político”, sosteniendo que la liberalización económica conduciría tarde o temprano a la democratización política.
Pese a que esa supuesta colaboración con la dictadura chilena le fue reprochada siempre (plasmándose en las manifestaciones en Estocolmo en la ceremonia de entrega del Nobel), en una entrevista en el año 2000 Friedman lo atribuyó “a los comunistas que intentaron desacreditar a cualquier persona que hubiese tenido la conexión más leve con Pinochet”. Más adelante Friedman se refirió a este tema haciendo analogía entre la dictadura chilena y la dictadura china, habiendo dictado conferencias a los estudiantes de economía y reunido con el secretario del Partido Comunista de China Zhao Ziyang, diciendo: “Dicté tanto en China como en Chile exactamente las mismas conferencias. He visto muchas manifestaciones contra mí por lo que dije en Chile, pero nadie ha hecho objeciones a lo que dije en China. ¿Cómo se explica?
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Microbanquero de los pobres
Por Sam Daley-Harris *
Cuando el presidente Obama entregó la Medalla de Libertad a 16 distinguidos “agentes del cambio” estadounidenses e internacionales en una ceremonia en la Casa Blanca el 12 de agosto, uno de los honrados vinculará a Obama tanto con su pasado como con el futuro que tanto busca crear. Entre los 16 líderes que recibieron el honor civil más alto de los Estados Unidos estuvo el profesor Muhammad Yunus, fundador del Banco Grameen en Bangladesh, el cual otorga pequeños créditos para autoempleo a la gente más pobre de su país. Hace décadas, este profesor de Economía laureado con el Premio Nobel de la Paz inició su búsqueda de nuevos clientes bancarios mediante un proceso que él describe como “buscar a los más tímidos”. No buscaba a los primeros que salían a pedir un micropréstamo de 10 dólares o menos, sino a los últimos que salían a pedirlo y quienes tenían menos confianza en sus propias habilidades. A aquellos aldeanos él y su personal dirían: “Sí puedes”.
Treinta y tres años después, casi ocho millones de miembros del Banco Grameen (un total de 40 millones cuando uno cuenta los miembros de sus familias) dicen “Sí se puede” al mundo entero. Desde su inicio el Banco Grameen ha prestado más de ocho mil millones de dólares a los pobres de Bangladesh. ¿Cómo es que uno logra iniciar una empresa que alcanza a casi 40 millones de personas en su propio país y toca las vidas de decenas de millones más a través de réplicas alrededor del mundo? Yunus tuvo su propio momento de descubrimiento del “Sí se puede” cuando era un joven profesor de Economía y presenció una hambruna atroz en su país que lo dejó dudando de su valor como profesor y como ser humano. Ver a personas muriendo de hambre lo impactó tanto que cuando entró a Jobra, el pueblo adyacente a su universidad, lo único que deseaba era ver si podría ayudar a una persona por un día –no a 40 millones– sólo una. Fue en aquel pueblo que conoció a una fabricante de taburetes que lo horrorizó al explicarle que sólo ganaba dos centavos al día por su hermosa artesanía. Como ella carecía de dinero para comprar el bambú requerido para producir los taburetes, Sufia Khatun se veía obligada a tomar préstamos de un usurero que exigía que ella le vendiera sus taburetes terminados solamente a él a un precio que él fijaba –un precio tan bajo que a ella le quedaban solamente dos centavos de ganancia al día–. Cuando Yunus le preguntó si ella podría ganar más si fuera liberada del usurero, ella contestó, “Sí puedo”. El profesor Yunus encargó a uno de sus estudiantes que buscara a otros aldeanos que estuvieran enfrentando el mismo dilema. El estudiante encontró a 42 personas que necesitaban un gran total de 27 dólares para reembolsar al usurero, comprar sus materias primas y vender sus artículos al mejor postor. Así es: todo lo que ellos necesitaban era un promedio de 68 centavos cada uno. Con su préstamo de menos de un dólar, las ganancias de la fabricante de taburetes crecieron de dos centavos de dólar al día a 1,25 dólares al día.
Ahora el profesor Yunus ha puesto su mira en los titanes de los sectores del comercio y la industria con su concepto del “comercio social” y los presidentes de Danone, Intel, y BASF están abriéndose al camino del “sí se puede” con Yunus para crear nuevos negocios sin fines lucro pero autosustentables, que tienen como único objetivo mejorar las vidas de la gente. Las corporaciones pueden recuperar sus inversiones iniciales en esos negocios sociales, pero luego todas las ganancias son reinvertidas en esas nuevas compañías. Estos acuerdos incluyen una empresa conjunta con Danone que produce el yogur nutritivamente fortificado para los aldeanos desnutridos; otra con BASF que produce mosquiteros tratados químicamente para proteger a la gente de mosquitos transportadores de malaria; y otra con Intel que trae soluciones a los pueblos rurales por medio de la tecnología de la información.
Cuando el presidente estadounidense estrechó la mano del microbanquero bangladesí durante la ceremonia en la Casa Blanca esta semana, Obama se conectó con su propio pasado y el trabajo en microfinanzas que hizo su madre en Indonesia
* Fundador de la Campaña de la Cumbre del Microcrédito que busca llevar el microcrédito a 175 millones de las familias más pobres del mundo: www.microcreditsummit.org
Muhammad Yunus

(Bangladesh, 1940) Economista indio, creador del microcrédito y fundador del Banco de los Pobres. Musulmán no practicante, estudió Ciencias Económicas en Nueva Delhi y amplió estudios en Estados Unidos con becas de las instituciones Fullbright y Eisenhower y de la Universidad de Vanderbilt (Tenesee). Retornó a su país en 1972 para dirigir el departamento de Economía de la Universidad de Chittagong, poco después de que Bangladesh obtuviese la independencia.
Conviviendo con los campesinos de la región de Jobra (Bangladesh), Yunus se dio cuenta que la pobreza se perpetuaba porque dejaba a los pobres fuera de la economía. Los bancos tradicionales no concedían préstamos a aquellos que no pudiesen ofrecer garantías, y ello generaba un círculo vicioso de pobreza.
Yunus creó el concepto del microcrédito el día que decidió ayudar a unos cuantos campesinos que vivían cerca de la Universidad de Chittagong y que, tras una gran hambruna que asoló el país en 1974, estaban pasando por graves dificultades. Elaboró una lista de 42 personas seriamente endeudadas que, en total, debían menos de 27 dólares. Cada uno de ellos recibió la cantidad que adeudaba sin otra condición que la de concentrarse en su trabajo y la de devolver el dinero cuando pudiera.
El éxito de su acción le llevó a crear, en 1976, el Banco Grameen, con la intención de prestar dinero a personas que no tenían acceso a los créditos bancarios tradicionales, dado que no cumplían las condiciones requeridas habitualmente en concepto de aval para garantizar el reembolso de la suma prestada. El banco se creó para conceder créditos únicamente a las personas más desfavorecidas, convirtiéndose éstas en accionistas de la entidad.
Esta institución sin ánimo de lucro ha salvado de la miseria a cientos de miles de sus compatriotas. El Banco funciona en la actualidad con más de 22.000 empleados que trabajan en las calles de casi 38.000 de las 68.000 aldeas y pueblos de Bangladesh, y concede préstamos a 2,3 millones de personas, de los que el 94% son mujeres pobres, siendo la tasa de devolución de los mismos del 97%.
Todo gira en torno a la llamada “garantía solidaria” que consiste en prestar el dinero a las dos mujeres más pobres de un grupo de cinco que se juntan para solicitarlo, y las demás no reciben su préstamo hasta que las dos primeras lo han devuelto, de tal manera que se crea una especie de red de apoyo-presión. Si uno deja de pagar, todos pierden la posibilidad de recibir nuevas ayudas. El préstamo medio es de 75 dólares y el máximo de 300.
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Educación: el discurso y la realidad
América Latina y su deuda crónica con la educación.
Hay consenso en América Latina en que la educación es decisiva. Los discursos exaltadores de la educación son la norma. Hay avances importantes, aumentó fuertemente la alfabetización, y la matriculación en primaria, pero las cifras recientes señalan:
1. Hay altas desigualdades
Hay 110 millones con primaria incompleta, y sólo el 49,7% finaliza la secundaria. En el 20% más pobre de la población, el que necesita más del apoyo de la educación para progresar, sólo el 20% la completa, en el 20% más rico, el 80%.
Sólo el 0.6%, del 20% más pobre se gradúa en la Universidad.
¿Por qué?. Los jóvenes pobres, presentan alta deserción y repetición, porque tienen todo en contra. Su salud es débil, hay un 16% de niños desnutridos, muchos trabajan, bajo la pobreza sus familias se desarticulan y no pueden darles apoyo, sus padres tienen poca instrucción. Sólo el 43.9% de los niños de la región terminan la escuela primaria, a tiempo, en la edad, y la extensión de años prevista.
2. El acceso a educación de calidad es muy difícil
Una adolescente brasileña pobre le explicó a Obama, en la Cumbre del G8 “en la favela no queremos menos horas de clase como los niños en Japón, sino más, tenemos muy pocas”. Las escuelas públicas albergan al 90% de los niños de la región. Tienen maestros muy mal pagados, menos horas de clase, el 20% no tienen agua potable, el 33% carecen de baños suficientes, un 47% no tienen bibliotecas, un 63% no dispone de una sala de computación.
3. Bajos rendimientos
Todo ello incide en el rendimiento escolar. UNESCO comprobó una fuerte correlación entre los niveles de desigualdad de un país, y el rendimiento. Cuanto mayor la inequidad, peor el rendimiento. El hecho de ser América Latina la región más desigual de todas afecta fuertemente los resultados en aprendizaje. Así entre otros casos según informes Unesco: “En Perú, tan solo el 30% de los alumnos de primer grado y 50% de los de segundo grado podía leer pasajes sencillos de un libro de texto de primer grado. En Guatemala y República Dominicana, es muy escaso el nivel de dominio de la lectura de la mitad o más de los alumnos de tercer grado de primaria”.
4. La movilidad social es muy baja
En los que vienen de padres con primaria incompleta, sólo el 30% termina la secundaria. Es el triple en aquellos cuyos padres terminaron la Universidad.
5. La brecha digital
Las diferencias en acceso a internet se suman a las desigualdades en educación. Por ejemplo, en Brasil sólo el 5% del 20% de jóvenes más pobres accede a internet, frente al 80% en el 20% más rico.
¿Hay soluciones?. Puede haberlas si se hace a la educación una prioridad real. En plena crisis, Obama defendió vigorosamente, el presupuesto en educación en el Congreso, consiguió aumentarlo, y garantizó que durante los próximos años ningún maestro será despedido en USA. Educación es una de las pocas áreas donde la ocupación creció. El Uruguay se propuso en su actual gestión de gobierno enseñar computación a todos los niños de la primaria, y reentrenar a los maestros para su uso. Empezó con los más pobres. Se basó en el plan “un niño, una computadora” del MIT. Lo ha logrado plenamente. Para Costa Rica, la educación es un proyecto nacional. Cambió su Constitución, hace pocos años para garantizar en ella que se le dedique no menos del 6% del Producto Bruto. En la gestión actual, lo llevó al 8%. Está ahora en el nivel de los países que más invierten en el mundo en educación, como Finlandia, Israel, Corea, Japón, todos gracias a ello exportadores de alta tecnología.
En América Latina se corre el riesgo en la crisis de que las inversiones en educación que están a distancia de las necesarias, sean ajustadas. Sería un gravísimo error.
Es hora de pasar del discurso grandilocuente sobre el tema, a hechos concretos.
Bernardo Kliksberg
Consultor, Conferencista, Escritor
Bernardo Kliksberg obtuvo cinco títulos universitarios, entre ellos dos doctorados, en Ciencias Económicas y Ciencias Administrativas. La Universidad de Buenos Aires le confirió sus máximas distinciones, Medalla de Oro y dos veces Diploma de Honor. Asesor de la ONU, BID, UNESCO, UNICEF, OIT, OEA, OPS y otros organismos internacionales. Se lo considera el pionero de una nueva disciplina, la gerencia social, que se ha difundido en todo el Continente. Es una reconocida autoridad internacional en capital social. Lidera en la región la revinculación entre ética y economía. Co-fundó y dirige la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo (BID-Noruega) de gran repercusión. Por su papel de liderazgo internacional, ha sido designado Relator General del Congreso Mundial sobre rediseño del Estado (México), y la International Association of Institutes and Schools of Public Administration lo designó Relator General de su última Conferencia Mundial (Miami, 2003.) Se lo ha designado Profesor Honorario, Profesor Emérito, y Doctor Honoris Causa de diversas universidades del Continente. Ha sido invitado a disertar en Harvard, New York University, Georgetown University, South California University, American University, la Universidad de Birmingham, el Instituto de Ciencias Políticas de París, la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad Hebrea de Jerusalem.
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El impacto de la crisis mundial y las respuestas: el caso argentino
La magnitud del impacto de la crisis mundial del mundo del dinero sobre los países subdesarrollados depende, en gran medida, del nivel de deuda doméstica y externa y de la capacidad de financiarla con recursos propios. El apalancamiento y la relación deuda/patrimonio neto es determinante de la solidez o vulnerabilidad de las entidades financieras, las empresas y las familias. Cuanto más sólida es la solvencia y liquidez del sistema financiero y menor la relación deuda/patrimonio neto de las empresas y las familias, mayor es la capacidad de resistencia al contagio de la crisis. En el sector público, cuanto menores son las relaciones servicio de la deuda/superávit primario del Tesoro y servicios de la deuda externa/superávit de la cuenta corriente del balance de pagos, más sólidas son las finanzas del Estado y menos vulnerables a los shocks externos.
En el caso argentino, por ejemplo, las entidades financieras están sólidas con una holgada relación deuda/patrimonio neto, liquidez por encima de los encajes legales, bajo nivel de incobrabilidad y calce de préstamos en moneda nacional con fondeos también en moneda nacional y préstamos en moneda extranjera con depósitos locales en moneda extranjera. El nivel de endeudamiento de las empresas y las familias es relativamente bajo. Los préstamos representan sólo el 13% del PBI. La deuda externa privada es manejable. Las empresas no se involucraron en grandes operaciones especulativas en el mercado de cambios a futuro, como sucedió en algunas firmas brasileñas. Respecto de la deuda pública, la exitosa operación de salida del default en 2005 y canje de deuda vieja impagable, colocó los servicios futuros dentro de la capacidad de pagos con recursos propios. Desde mediados del 2002, el Estado opera con superávit primario y el balance de pagos con superávit en las cuentas comercial y corriente. El Banco Central cuenta con un buen nivel de reservas internacionales y tiene los medios necesarios para regular el mercado de cambios y de dinero doméstico. En consecuencia, en el caso argentino, el contagio financiero de la crisis global es moderado y su impacto en el volumen de préstamos y tasa de interés poco significativo.
En cambio, el contagio de la crisis es grave por el lado de la economía real. La transmisión se realiza por dos canales principales: el comercio exterior y las expectativas de la sociedad. La baja de los volúmenes y precios de los commodities debilita la demanda agregada y reduce el ingreso de divisas.
El cuadro general de incertidumbre deprime la demanda privada de consumo e inversión y afecta, en primer lugar, a los sectores productores de bienes de inversión y durables de consumo. El debilitamiento de la demanda de empleo influye en la masa salarial y el consumo. La segunda vía de transmisión son las expectativas negativas, las cuales comprimen aún más el gasto y provocan la cobertura del riesgo percibido. Esto último provoca la fuga de capitales. En el caso argentino, por ejemplo, este efecto es muy grave. En los últimos dos años han salido más de u$s 20.000 millones, absorbiendo el superávit del balance comercial. Es una fuga comparable a la que precedió la debacle de fines del 2001 y el default. Ahora, la situación es distinta porque la economía se financia con ahorro interno y con excedentes reales en el presupuesto y el balance de pagos. En consecuencia, se pudo soportar el drenaje sin perder los equilibrios macroeconómicos. En cualquier caso, la fuga de capitales debilita la posición financiera y deprime la demanda agregada.
En América Latina y otras regiones subdesarrolladas, la política económica enfrenta el desafío de sostener la producción y el empleo. Cuanto más sólidos son los equilibrios macroeconómicos y menor la dependencia del crédito externo, mayor es la capacidad de maniobra de los gobiernos. Los principales instrumentos de que dispone la política económica para enfrentar la crisis son tres: el gasto público, el tipo de cambio y la movilización del crédito interno.
1. Gasto público. Debe contribuir a sostener la demanda efectiva frente a la contracción de sus otros componentes: exportaciones y consumo e inversión privados. Es el papel clásico del gasto público en el enfoque keynesiano. En nuestro países sólo es sostenible sobre la movilización del ahorro interno y recursos financieros y reales propios. El crédito externo, si estuviera disponible, sólo sería conveniente dentro de los límites impuestos por la capacidad futura de servir la deuda en moneda extranjera. El Estado debe seguir sosteniendo un superávit primario en el Tesoro y superávit en la cuenta corriente, para mantener la viabilidad financiera y la confianza. A diferencia de los Estados Unidos y otros países industriales, la posibilidad de recurrir al déficit fiscal, como fuente de financiamiento del gasto público, es reducida o inexistente.
2. Tipo de cambio. Es un instrumento crítico de la política económica. El tipo de cambio necesario es aquel que fortalece el balance de pagos en cuenta corriente porque: 1) privilegia el compre nacional en las decisiones (de las empresas, las familias y el gobierno) de gastos de consumo e inversión; 2) estimula la diversificación de las exportaciones incorporando bienes y servicios de creciente contenido tecnológico y valor agregado y, por lo tanto, impulsando la gestión del conocimiento y la transformación de la estructura productiva; 3) logra que el lugar mas rentable y seguro para invertir el ahorro interno sea el propio país, y 4) desalienta los movimientos de capitales especulativos creando incertidumbre en los especuladores y previsibilidad en los tomadores de decisión de inversión productiva. Este tipo de cambio de equilibrio desarrollista (TCED) difiere del tipo de cambio de equilibrio de mercado (TCEM) determinado por la oferta y demanda de divisas en el mercado. En países como los nuestros, los precios de los commodities y los movimientos de capitales especulativos, tienden a apreciar la paridad y generar la enfermedad holandesa. Particularmente en una situación crítica como la actual, nuestros países deben sostener una política de TCED.
3. Ahorro interno. Es preciso rechazar el supuesto que nuestros países carecen del ahorro interno para financiar su desarrollo y que, por lo tanto, es indispensable recurrir al crédito y la inversión extranjeros. El problema no es la insuficiencia de ahorro interno sino, como lo explicó Raúl Prebisch en sus estudios sobre el capitalismo periférico, el despilfarro del consumo conspicuo derivado de la desigualdad en la distribución del ingreso y la ausencia de canales adecuados de canalización de recursos. Respecto de esto último una excepción notable es el Banco Nacional de Desenvolvimento del Brasil, una de cuyas principales fuentes de fondeo proviene de alícuotas sobre la masa salarial y cuyos préstamos son instrumentos fundamentales del desarrollo del país.
En el caso argentino, actualmente el ahorro interno es cercano al 30% del PBI, equivalentes a más de u$s100.000 millones anuales. En el marco de la estrategia neoliberal, se disolvió el Banco Nacional de Desarrollo, creado en 1970 durante mi gestión en el Ministerio de Economía. El país se endeudó hasta el límite de la insolvencia y vendió a filiales de corporaciones transnacionales, el control de los principales activos en petróleo, energía, telecomunicaciones y las mayores empresas privadas. De las mayores 500 empresas del país, más de 300 son filiales y generan más del 80% del valor agregado de la muestra. El epílogo fue el default y el descalabro del 2001/02. Consecuentemente colapsó la tasa de inversión a sus niveles más bajos del 12% del PBI en 2002 y registró una fuga masiva de capitales.
En resumen, la adecuada regulación de los mercados financieros locales, el control de los capitales especulativos, paridades según el TCED y sólidos equilibrios macroeconómicos, son las condiciones necesarias para desplegar políticas para enfrentar la crisis mundial y seguir creciendo.
Aldo Ferrer
Director Editorial
Buenos Aires Económico
Economista y político argentino. Doctor en Ciencias Económicas recibido en la Universidad de Buenos Aires en 1953 con su tesis doctoral “El Estado y el Desarrollo Económico” publicada en 1956. Ha sido profesor de economía en la Universidad Nacional de La Plata y en la Universidad de Buenos Aires.
Funcionario de la Secretaría de las Naciones Unidas (1950-1953) y agregado económico de su país en la embajada de Londres en 1956, fue Ministro de Economía y Hacienda de la Provincia de Buenos Aires, 1958-1960.
Coordinador de la Comisión Organizadora del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, (1965-1967) y primer Secretario Ejecutivo de C.L.A.C.S.O. (1967-1970) fue nombrado Ministro de Obras y Servicios Públicos de la Nación y posteriormente Ministro de Economía y Trabajo de la Nación durante la presidencia de Roberto Marcelo Levingston. En el ejercicio de dicho cargo elaboró un plan de desarrollo que habría de ser implantado durante el quinquenio 1971-1975. Asimismo, hizo frente a las difíciles circunstancias por las que atravesaba su país (déficit fiscal y exterior, e inflación) con una política económica radical que originó malestar social. Tras ser destituido Levingston en 1971, Ferrer fue mantenido al frente del Ministerio por el gabinete del nuevo presidente de la República, Alejandro Agustín Lanusse. Posteriormente presidió el Banco de la Provincia de Buenos Aires, 1983-1987.
En la actualidad es uno de los economistas más activos en la denuncia de los efectos negativos de los fenómenos globalizadores sobre los países periféricos.
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